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jueves, 2 de septiembre de 2010

bienvenidos

probarse a si mismo

Probarse a sí mismo


Algunos sabios de la antigüedad utilizaban una expresión impregnada de hondura: Camino de Probación. Su significado alude al despliegue interno que se genera en quien decide enfrentar el dolor para volverse una persona más lúcida, más compasiva, más íntegra... Convertirá la ocasión en un instrumento que le permita penetrar más allá de lo superficial de sí mismo y saber de qué está hecho, cuál es su verdadera naturaleza, qué rincones internos aún desconoce; como quien prueba una fruta luego de haberla calado hasta su pulpa, se probará a sí mismo: ¿cuál es su real grado de madurez?; ¿cómo es el sabor de su propia dulzura, la aspereza de su propio amargor?...

El tiempo de adentrarse en la Prueba y transitarla suele resultar árido y de una extraordinaria soledad (aunque otros nos acompañen). El evento disparador puede ser una enfermedad, un accidente, una muerte, una separación, el exilio... pero también podría serlo un proceso íntimo hasta cierto punto independiente de los eventos externos: el hacer contacto con viejas heridas que insistentemente emergen en el pecho, o el confrontar rasgos nuestros que habíamos evitado ver, el decir "basta" a situaciones de comodidad en las que nos habíamos sobreadaptado, o el VER lo que durante mucho tiempo negamos obstinadamente...

Como en las leyendas, nadie puede atravesar la oscuridad del bosque en nuestro lugar; y uno de los principales riesgos de esta travesía es susurrarse a sí mismo que no se trata de UN TRAMO de la vida, sino que TODA nuestra vida es, fue y será así. ¡Cuidado! Dar cabida a este hechizo del pensamiento podría ser fatal. En cambio, si estamos despiertos hallaremos una zona interna que es capaz de no perder la serenidad, y de reconocer las ayudas que puedan aparecer. Quien se dispone a extraer conocimiento del dolor, se sorprenderá al encontrar recursos impensados, dentro y fuera de sí, que le permitan salir hacia la luz. Y quizás luego recordarle a otros que ninguna oscuridad es definitiva si se sigue en el Camino. Así lo dijo el poeta español contemporáneo Antonio Colinas:

LA PRUEBA
Mira: a punto estás de penetrar en el bosque.
Vas a dejar la casa blanca de la cima,
tan plácida, tan llena de música y sosiego,
y ahí te espera el bosque impenetrable.

Irremediablemente deberás cruzarlo:
el bosque que desciende por ladera escabrosa,
el bosque en que no hay nadie
y el bosque en el que puede haber de todo,
el bosque de humedades venenosas,
morada de lo negro
y de una luz que enturbia la mirada.

Entra en él con cuidado y sal sin prisas,
mas nunca se te ocurra abandonar la senda
que desciende y desciende y desciende.
Mira mucho hacia arriba y no te olvides
de que este tiempo nuestro va pasando
como la hoz por el trigo.

Allá arriba, en las ramas,
no hay luces que te cieguen si es de día.
Y si fuese de noche,
la negrura más honda la siembran faros ciertos.
Todo lo que está arriba guía siempre.

Mira, te espera el bosque impenetrable.
Recuerda que la senda que lo cruza
-la senda como río que te lleva-
debe ser dulce cauce y no boa untuosa
que repta y extravía en la maraña.

Que te guíe la música que dejas
-la música que es número y medida-
y que la más alta música te saque,
al fin, tras dura prueba, a mar de luz.

ALVARO CARDONA

miércoles, 1 de septiembre de 2010

LECTURAS

REPRIMIR LO MEJOR

Reprimir lo mejor?

Hay gente muerta, y hay gente viva, claro. Pero también hay un tercer rango: la gente semi-muerta. Aquélla que se imposibilita a sí misma el estar totalmente Viva (así, con mayúsculas). Todos reprimimos asuntos densos: ira, instintos tumultuosos, complejos, conflictos... Pero existe algo más: cuando uno reprime su real Naturaleza (aquello que vino a Ser, aquello que le hace único: su Potencia Esencial...). En la Psicología Transpersonal se le llama represión del Atman: sofocar esa porción del Todo que cada uno de nosotros encarna (eso es el Atman: la chispa de lo Divino encarnada en cada humano). El Creador encarcelado con barrotes de "No puedo". Nuestra identidad más sagrada es ese preso. Pero hay una buena noticia: nosotros mismos somos el carcelero. NADIE MÁS tiene la llave para abrir definitivamente esa celda.

La condena autoimpuesta consiste en inhibir quien se Es, sobreadaptándose para encajar en el entorno, y tomando como propios antiguos mandatos que debieran haber caducado. Y la represión de la propia Esencia genera síntomas muy concretos, tal como enfermedades físicas, angustia crónica, ansiedad, y, sobre todo, depresión: la infinita tristeza de un alma que pudo obtener una vida humana, un cuerpo, una circunstancia para desplegarse... y que siente que va perdiendo esa oportunidad día a día. Eso es estar semi-muerto. En algunas personas, lo único que falta morírseles es el cuerpo...

Si es glorioso declarar la independencia de un país respecto de cualquier tiranía, y celebrar cada año esa fecha, es necesario convertirnos en nuestros propios libertadores: declarar la propia independencia respecto del opresor. Y EL OPRESOR ES UNO MISMO. Nadie más. Casi siempre, si hay un opresor AFUERA, es que le hemos firmado una autorización interna para que ejerza. Des-reprimir nuestra Esencia es recuperar el Sentido, la alegría... Es volver a estar Vivos por completo. Ojalá seamos todos, poco a poco, nuestros propios libertarios... En otras palabras:


POTENCIA ESENCIAL

"Tengo miedo", clamaba la semilla;
y a pesar de absorber sol y humedades,
renunció a germinar en sus verdores,
reprimiendo su yémula incipiente.

El águila gritó: “Ay, yo no puedo!”
y, plegando sus alas, desde el suelo,
resignándose, ansiaba las alturas,
cual si fuera un reptil definitivo.

"No sé cómo se hace", dijo el árbol,
sin animarse a dar flores ni frutos
ante el reclamo de la Primavera,
turbulenta, urgente, impostergable.

¿Qué verías si la Naturaleza
negara su potencia, su destino?
Frutales secos y pájaros rastreros,
sembradíos estériles y yermos...

Que no me pase a mí: que no me quede
anhelando accesibles utopías.
Que no viva como un muerto insepulto,
amortajadándome en lo rutinario.

Que no se me adormezca la Vigilia.
Que no se me amordace la Llamada.
Que entre mis bordeleses no se agríe
el Vino sin haberlo convidado.

Que me lance al estreno, y no eternice
mis ensayos detrás de los telones
sin que vibren los tímpanos del mundo
con la música de mis instrumentos.

Que el miedo no me encoja, no me vuelva
un bonsai de mí misma, mustio y triste,
retrayendo mis raíces temerosas,
adaptadas a un magro recipiente.

Que me atreva y te atrevas, fogueando
los mejores valores de la especie
en brasas de discretos esplendores
para que al fin refuljan plenamente.

Que la modestia no nos vuelva tibios,
porque la Vida hierve, y necesita
que indefectiblemente se le otorgue
poder al Bien en manos de los buenos.

Que el Tiempo Señalado es este tiempo,
porque el átomo estalla y se hace tarde.
Tejamos una Red con Hilos Vivos:
no dejemos que ganen los que matan.